La geometría del alma
La lluvia resbala tras el cristal disolviendo tu imagen con cada despertar. Entre lágrimas de plata y sal, los labios reclaman un nombre que el corazón no puede pronunciar. Ahora el silencio me acompaña como un perro fiel aferrado a mi garganta, aullando bajo la piel. Las sombras me persiguen allá dónde voy, bailando como marionetas, con sus sonrisas siniestras me preguntan quién soy. Porque en mi jardín yace la nada, una muñeca rota y abandonada. Pétalos marchitos en la noche fría, te fuiste rompiendo la frágil geometría, de un alma triste y atormentada. Y cada día enfrentó un nuevo mar, otras aguas negras en las que naufragar. En este cuerpo maldito anida un dolor infinito que no me deja respirar. Juré a los cuatro vientos que nunca te olvidaría. Pero hoy mi pequeño mundo, se desvanece y se vacía, con la mirada perdida en tu preciosa alma dormida. Porque en mi jardín yace la...